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10 de Febrero de 2012
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Montevideo - Ciudad Vieja


La Ciudad Vieja aguarda al visitante para sorprenderlo en cada esquina. La calle 1º de Mayo en su breve recorrido conduce hacia el acceso principal del Palacio Taranco, que ocupa una pequeña manzana irregular que vuelca sus jardines hacia la plaza Zabala. La majestuosa residencia de principios de siglo, inspirada en estilos franceses del siglo XVIII dispuso de un equipamiento especialmente diseñado y fabricado en Paris.

Desde aquí, el recorrido continua por la calle Solís, rumbo a el Mercado del Puerto, punto obligatorio de encuentro de residentes y turistas donde todo esta dispuesto para disfrutar de una excelente parrilla o cualquier manjar de la gastronomía nacional.

Camino del mercado se encuentra la Iglesia de San Francisco y la cripta del Señor de la Paciencia. El templo parroquial, fue construido en 1863. La torre de la iglesia, que se destaca por sobre las edificaciones circundante, posee 5 campanas, dos de las cuales pertenecieron al antiguo convento de los Padres Franciscanos del siglo XVIII.

El pintoresco mercado fue inaugurado en 1868. Su estructura de hierro realizada en Liverpool asombro en su momento a los montevideanos con el uso de nuevas técnicas y materiales. Desde la esquina de la peatonal que complementa el área del mercado es posible apreciar el acceso a la terminal portuaria.

El recorrido continúa por la calle Piedras hacia el este para realizar una pequeña escala en la esquina de la calle Zabala. A mano izquierda se encuentran los restos de la Aduana vieja y a mano derecha el edificio central del Banco republica.

A muy poco metros de allí se encuentra la casa de Lavalleja, otra de las dependencias del Museo Histórico Nacional. Este es uno de los edificios más antiguos de la Ciudad Vieja que ha sido conservado en su totalidad, se comenzó a construir en 1783. Sirvió de residencia al general Lavalleja.

El museo romántico, data de 1831 y posee un hermoso patio colonial junto a una completa colección de objetos inmobiliarios de la época.

Para quien dispone de tiempo para prolongar su recorrido, la Ciudad Vieja ofrece mucha opciones, que incluye en internarse en edificios para descubrir restos de la muralla original que envolvía al fuerte hasta deleitarse observando el rico trabajo de las rejas que adornan los balcones de añejas contracciones.

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