Transilvania: la intersección de Drácula y Vlad el Empalador

Pese a que el gobierno rumano pretende dejar de utilizar la imagen del Conde Drácula para promover al país en el exterior, es indudable que la leyenda del vampiro impulsa la hotelería y gastronomía en Transilvania, región rodeada por los Cárpatos en donde la novela de Bram Stokers sitúa los avatares del siniestro personaje.
Aunque sectores de la población se oponen a la comercialización de Vlad el Empalador, príncipe de Valaquia (1431-1476) que, según especialistas, ejerció de inspiración al novelista irlandés para fundar su personaje, cuantiosos turistas arriban a Transilvania para relacionarse con los paisajes en los cuales habitó el príncipe: es innegable la fascinación que este personaje ejerce en la subjetividad contemporánea.
Sin embargo, la oposición de algunos no pudo impedir que en esta hermosa región Drácula sea omnipresente: desde el castillo de Bran (presumiblemente, modelo utilizado por Stokers para construir la residencia del vampiro) hasta conventos, catacumbas y criptas han sido atravesadas por la contaminación de las letras y los relatos orales.
Fenómeno que en la actualidad se expande por la intermediaciones de los operadores turísticos: a la explosión de circuitos (paseos temáticos, restaurantes, hoteles, etc.) se adjunta la polución de artículos de merchandising que remiten al vampiro (camisetas, sombreros, tazas, manos de plástico, colmillos, etc.).
En la intersección entre la realidad (Vlad el Empalador) y la ficción (el Conde Drácula), Transilvania se erige en un destino obligado para los incondicionales de las obras de arte de terror.
